La madurez otorga la perspectiva necesaria para detestar los días como los que en estas fechas nos viven; este periodo navideño cargado de actos hipócritas y, lamentablemente, socialmente aceptados sin pararse a analizar la sinrazón del asunto.
Llegados a la víspera de una nochebuena que pasará como otra más, es decir, siendo igual de noche (y no tan buena), me he percatado de que por fin algo ha hecho que olvide que apenas falta un día para dicha celebración.
Ese algo es antropomórfico, calza un 43, lleva pantalones de pana y una sudadera de videojuego. Ese algo viste unos ojos que me retrotraen al mar que me trajo al mundo, al cielo que nunca alcanzaré. Ese algo lleva sobre las ideas unos hilos rubios, a veces retorcidos, otras bien lisos. Ese algo me ha regalado en un abrazo todos los abrazos del mundo. Ese algo, al que no pongo nombre por ser de tan bello, indescriptible, me da lo más importante que un hombre puede recibir: algo por lo que vivir.


1 Aludidos:
El hombre que se nutre de poetas franceses parece algo enamorado. Sí es así, enhorabuena porque te dan ganas de escribir. Te echaba de menos. Te quiero.
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